Las palabras prohibidas, los libros en llamas


El peligro potencial del uso libre de las palabras lo tuvieron claro las autoridades desde buen principio. Sólo hay que ver como se puso Yahvé, nos cuenta la Biblia, cuando se dio cuenta de que los humanos utilizaban el lenguaje para comunicarse ideas y coordinarse entre ellos para construir una torre “que llegara hasta el cielo”. Se apresuró entonces Dios a confundir las lenguas de os hombres, y Babel quedó para siempre en una construcción inacabada, símbolo del control de la palabra por el poder, para evitar los excesos de sus súbditos. Más tarde, lo curas de una u otra religión, fueron monopolizando el uso de la palabra escrita, y controlando firmemente a quien les estaba permitido escribir. Los escribas, pues, han constituido en muchas sociedades una clase por si misma, con gran poder asociado, y con la pretensión de mantener para ellos sus privilegios, asociados al secreto de la escritura.

Y es que la palabra tiene mucho peligro. En primer lugar se le atribuyen poderes convocatorios. Mencionar al Diablo, puede hacerlo aparecer; mencionar la Droga, puede hacerla apetecible; mentar la lluvia puede hacer llover. Si a la gente se le permite escribir sobre la libertad, acabará deseándola y será más difícil de dominar. El mantenimiento del poder, de cualquier poder, pasa por controlar las palabras, los verbos, las relaciones lingüísticas con las que expresamos la realidad. George Orwell mostró bien los esfuerzos totalitarios por redefinir los términos y evitar las disidencias: en “1984”, nos mostró la “neolingua”, un sistema implantado por el poder, y basado en empobrecer el lenguaje, eliminando palabras y conceptos, para limitar así el pensamiento.

El cristianismo, en todas sus presentaciones, se ha preocupado históricamente de qué cosas podían o no podían leerse, y en eso no se andaba con chiquitas. Poseer libros prohibidos podía acarrear la hoguera. De hecho la Iglesia Católica mantuvo actualizado hasta 1968 su Índice de Libros Prohibidos, donde se enumeraban, con malgastado tesón, aquellas lecturas a las que no debían acceder quienes profesan la fe católica. Pero este afán por restringir las lecturas a sus fieles es compartido con entusiasmo por el resto de religiones.

También las dictaduras, en todas sus variantes, prestan especial atención a censurar la palabra escrita. Recordemos las quemas nazis de libros, o la censura en cualquiera de sus grados. No es de extrañar que aun hoy, en dictaduras como la cubana, donde libros como “Rebelión en la granja” están prohibidos a los ciudadanos, el establecimiento de redes de bibliotecas clandestinas que intentan abastecer a la ciudadanía, con grave riesgo de vidas y haciendas, de las ideas que los mandamases correspondientes quieren alejar de sus ojos, supongan un auténtico acto revolucionario. Éste es el espíritu que narraba Ray Bradbury en su archifamosa novela “Farenheit 451”, titulada así para indicar la temperatura a la que arde el papel. La novela nos muestra un futuro donde todo libro está prohibido, y donde la función de los bomberos es incautarse de libros escondidos ilícitamente, y quemarlos. Como oposición a esta represión, algunos ciudadanos deciden agruparse en círculos clandestinos, donde cada uno de ellos aprende de memoria el contenido de un libro, a fin de poder lo transmitir a otras personas, y evitar así que se pierdan. Hoy en día es Internet la herramienta que, como los libros, aporta ese valor subversivo que da el conocimiento. Por eso tambien los intentos de restringir su uso son cada vez mayores, incluso en las democracias.

1 Comentarios:

Anonymous Anónimo said...

Toda vez que la historia ha dejado de iluminar al hombre este vaga en la oscuridad. En lo personal la vida, la historia es un aprendizaje constante y un volver a renacer. No es prohibiendo que se consigue la obediencia sino en plena libertad. El peligro radica en que aquellos que no se educaron en la razón y la fe manipulen y exterminen a aquellos que no comparten sus percepciones; más aún que los arrastren a sus carencias, vicios y desaliento...

6:15 p. m.  

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