La alimentación y sus tabúes


Constatemos de entrada que la primera prohibición impuesta por Dios se relaciona de manera muy directa con el tema que nos ocupa. Adán y Eva, en efecto, tienen prohibido comer cierta sustancia vegetal, la fruta de un árbol que creció en el Paraíso Terrenal. Contra lo que suele creerse, no hay mención bíblica alguna de que la fruta en cuestión fuera una manzana. ¿Algún enteógeno, quizás? Esta obsesión religiosa por controlar las sustancias que ingerimos, por regular su pureza o impureza, no desde un punto de vista médico, sino desde una perspectiva moral, se adentra en el territorio del absurdo en algunos de los libros que componen el Antiguo Testamento. Otras religiones gastan manías similares respecto lo que puede o no comerse: los musulmanes no pueden comer cerdo, ni los hindúes carne de vaca o de buey. Y bebidas como el alcohol, tienen tanta importancia para las religiones que en tanto que una lo prohíbe, otra lo usa como elemento sacramental.

La introducción en nuestro cuerpo de sustancias impuras es un tabú muy enraizado. Todos los aspectos relacionados con lo que entra y lo que sale de nuestro cuerpo están rodeados de ritual y contienen una gran carga irracional. Pocas cosas provocan más repulsión en la mayoría de personas que la idea de comer aquello que no forma parte de nuestra moral alimenticia: perros, gusanos, insectos, serpientes, son para la mayor parte de Occidente manjares impensables, del mismo modo que los hindúes encontrarán abominable que comamos vacas o caracoles.

1 Comentarios:

Anonymous En binario said...

Me parece que es cierto lo que dices.

12:30 p. m.  

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